
Laboratorios de Teatro de Oiartzun (OAL)
Desde 2019, cada invierno, un laboratorio de teatro físico abre sus puertas en Oiartzun. Un proyecto que, año tras año, se ha ido consolidando hasta convertirse en uno de los espacios de encuentro más estables y singulares del ecosistema del teatro físico en Euskal Herria.
Este laboratorio no es solo un curso. Es una invitación a una inmersión artística, pedagógica y personal intensiva que tiene lugar cada año, a las puertas del invierno. Un espacio para detener el ritmo cotidiano, acercarse al tiempo de los cuerpos y vivir un viaje compartido. Cada edición propone un recorrido diferente: nuevas preguntas, nuevas investigaciones y nuevos lenguajes. El teatro físico es el punto de partida; el destino, en cambio, se construye entre todas las personas que participan. Un territorio infinito para descubrir la voz propia de cada persona.
Inspirado en las bases pedagógicas de Jacques Lecoq, el laboratorio ha ido construyendo una identidad singular gracias a las aportaciones de docentes internacionales, creadoras y creadores de Euskal Herria, pedagogos y participantes. Por eso, aunque cada año se transforma, su esencia permanece intacta: situar el cuerpo, el juego, la poesía, la imaginación y la creación colectiva como centro de la experiencia.
Pero el laboratorio también es algo más que teatro. Es un lugar de encuentro. Un espacio para encontrarse con una misma y al mismo tiempo, una oportunidad para construir nuevos puentes con los demás. Aquí, el grupo se convierte en un cuerpo colectivo que sostiene a cada individuo, mientras que cada persona transforma a su vez, la forma del grupo. La experiencia artística y la experiencia humana se vuelven inseparables.
Aunque está profundamente arraigado en Oiartzun, el laboratorio trasciende fronteras. Cada año llegan participantes de diferentes rincones de Euskal Herria, pero también de otros países, dando forma a una comunidad artística efímera y profunda, en un territorio donde el tiempo parece dejar de pertenecernos.
Año tras año, la propia comunidad se convierte en la obra más importante del laboratorio.
